El valle del Loira: la elegancia de un río

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Castillo de Chambord


En el corazón de Francia, a poco más de una hora de París, el valle del Loira se presenta como uno de los destinos más atractivos de Francia y del conjunto de Europa.

Pintorescas ciudades, entrañables pueblos, exquisita oferta gastronómica y, cómo no, asombrosos castillos, son los elementos que han elevado al valle del Loira a la categoría de paisaje cultural inscrito como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En este post haremos un recorrido por esta región francesa, visitando los castillos y lugares más representativos. Una visita que, sin duda, nos servirá para tomar contacto con castillos, bosques y leyendas, pero también con suculenta gastronomía, quesos y vinos.

¿Te vienes a recorrer el valle del Loira?

Pues… ¡no te olvides el pijama!





"Hice el viaje más poético posible en Francia, sentía mis pensamientos crecer con este río que, cerca del mar, se vuelve inmenso”
(Honoré de Balzac – nacido en Tours –, sobre el río Loira)



El río Loira es el más largo de Francia. Con sus más de 1000 km de longitud, recorre buena parte del territorio galo. Nace en la región de Ródano-Alpes y, desde allí, va descendiendo hacia la ciudad de Orleans, situada al sur de París. Allí, antes de desembocar en el océano Atlántico, da comienzo un recorrido de unos 450 km en los que se concentra tal número de elementos culturales (castillos, palacios…) que le han hecho merecedor del título de Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO.

Con este post, mi intención no es abarcar esos 450 km por completo, ni hablar de todo lo que podéis encontrar allí. Sencillamente no hay espacio ni tiempo suficientes. Pero sí que me gustaría hablar de algunos lugares que, personalmente, considero “imprescindibles” en una visita al valle del Loira, ideas que os puedan servir como punto de partida para un viaje por esa región.

Hay mucho más que ver y hacer en el valle del Loira, claro que sí, pero empezamos con esto y ya seguiremos descubriendo más, ¿de acuerdo?


Preparando el viaje


Cómo llegar y desplazarse

Empecemos… por el final. Mi recomendación para desplazarse por el valle del Loira es, sin duda, utilizar un coche. Utilizando el tren, por ejemplo, podremos visitar las ciudades más grandes (Orleans, Tours…), pero tengamos en cuenta que no todos los castillos y palacios se encuentran en esas ciudades. Es más, yo diría que la mayoría de estas visitas están lejos de los centros urbanos, y la mayoría de los núcleos urbanos de la región son bastante pequeños. Esto hace muy recomendable la utilización de un coche, ya sea propio o de alquiler. Nos dará mucha más libertad que los medios de transporte públicos.

Dicho esto, ¿cómo podemos llegar al valle del Loira? Pues básicamente utilizando el avión, el tren o el coche.

Para llegar en avión, la opción más frecuente es volar a París. De hecho, esta ruta puede utilizarse como complemento de una visita a París, que siempre merece la pena, ¿no?

En París hay dos aeropuertos principales: Charles de Gaulle y Orly. Para este viaje en concreto, el aeropuerto de Orly quizá sea más práctico, pues se encuentra situado al sur de la ciudad y encontraremos (con suerte) menos atascos en la salida hacia Orleans y el valle del Loira.

Por otra parte, para aquellos que os encontréis cerca de Oporto, la compañía Ryanair ofrece vuelos directos desde Oporto al aeropuerto de “Tours Val de Loire”. Es una buena opción si queremos llegar directos a la región sin tener que pasar por París.

En cuanto al tren, si queremos llegar desde España, tenemos que tener en cuenta que la ruta Madrid-París ya no opera por la ruta directa, sino que aprovecha el recorrido del AVE a Barcelona y Francia para llegar a París. Esto hace que, por tiempo de trayecto, para quienes viajéis desde Barcelona, el tren sea una buena opción, pero desde el centro o sur de España es más cuestionable.

Desde París, el tren de gran velocidad (TGV) os dejará en poco más de una hora en Orleans, Tours o Blois. En cualquiera de estas ciudades podréis alquilar un coche para moveros por la zona.

Por último, dependiendo de la zona de España desde donde viajéis, la opción de desplazaros en vuestro propio coche puede ser bastante razonable. La libertad que os dará será mucho mayor aunque, eso sí, necesitaréis de más tiempo para vuestro viaje. A cambio, quizá queráis combinar este viaje con visitas a Burdeos, Bretaña, Normandía… En fin, como suele decirse, “para gustos, colores”.


 Supervivencia – Dormir, comer…

El territorio que abarcamos en este post es bastante amplio así que, en primer lugar, os hablaré de los sitios que conozco y, por otra parte, os indicaré dónde podéis buscar más información sobre alojamientos y restaurantes en la zona.

El valle del Loira no es una región “obligatoriamente cara”, pero es importante dedicarle un tiempo a buscar un alojamiento que se ajusta al presupuesto que nos hayamos marcado y reservar con tiempo para evitar sorpresas.

En nuestro viaje optamos por “fijar nuestra residencia” cerca de Chaumont-sur-Loire, situado entre Tours y Amboise, y tomar ese punto como base para visitar los diferentes puntos de interés de la zona. Por ese motivo, los alojamientos que mencionaré se encuentran en esa zona:

Domaine des Hauts de Loire: un precioso hotel situado en el tranquilo pueblo de Onzain. Pertenece al grupo de Relais & Châteaux, y la edificación incluye una estructura de castillo. Sus precios no son, a priori, bajos, pero su calidad tampoco lo es y, como en otros casos, conviene estar atentos a ofertas. Por cierto, cuenta con un restaurante muy bueno.

Château des Tertres: también situado en Onzain, es un alojamiento muy agradable y elegante en el que la tranquilidad es uno de sus objetivos. Cuenta con un amplio jardín y varias opciones de tiempo libre, como por ejemplo el alquiler de bicicletas. No cuenta con servicio de restaurante, pero sí con amplia información sobre la abundante oferta gastronómica de la región.

Francia cuenta con muchas asociaciones y cadenas de hoteles “con encanto”, de todos los niveles, más allá de los hoteles habituales, entre los que podemos buscar otros alojamientos. Si lo que queremos es darnos un capricho y alojarnos en un establecimiento singular, Relais & Châteaux es nuestra opción. Para alojarnos en un sitio agradable sin perjudicar tanto nuestro bolsillo, los hoteles de Logis pueden ser nuestra alternativa, así como los establecimientos de Gîtes de France (con cierto paralelismo a los Bed & Breakfast ingleses).


Con respecto a los restaurantes de la región, conviene saber que, a pesar de que la oferta es muy amplia, los restaurantes suelen ser de un tamaño bastante reducido, así que es importante reservar. Los horarios de cena suelen ser mucho más tempranos que en España (es habitual cenar a las 19h o 20h). Por último, no os dejéis engañar por el hecho de que estemos en una zona “rural”. Os asombrará el alto nivel de elaboración y presentación que tienen los restaurantes de la zona. Os menciono mis favoritos:

La Charbonette (13 Place de l'Église, Onzain): es un pequeño y coqueto restaurante en el centro de Onzain. No dispone de página web, así que el enlace corresponde a las clasificaciones de Tripadvisor.

Auberge de la Croix Blanche (2 Avenue de la Loire, Veuves): este pequeño restaurante, de apariencia exterior rústica y sencilla, sorprende con la calidad de sus platos y vinos, así como con el grado de elegancia de su servicio. Personalmente me parece un restaurante entrañable que no hay que dejar de visitar.


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Nuestro acompañante en el viaje: el río Loira


Recorrido por el valle del Loira

Para hablaros de esta ruta, describiré un itinerario lineal por el área del valle del Loira que visitamos. Será el camino “natural” en el caso de que optéis por ir haciendo un viaje por etapas, durmiendo cada noche en un pueblo o ciudad distintos. En el caso de que prefiráis “estableceros” en un punto concreto de la ruta y, desde allí, ir visitando lugares, también os servirá, pues la ruta se puede tomar, dejar y retomar en cualquier punto.

Antes de nada, conviene recordar que los castillos del Loira han sufrido diferentes episodios a lo largo de la Historia, y esto ha sido lo que ha ido marcando su forma y estado actuales. El valle del Loira vivió su apogeo entre los siglos XV y XVII, con numerosos reyes y nobles viviendo en la zona. Más adelante, entre los siglos XVII y XVIII, su importancia decreció al mismo ritmo en que la actividad política y cortesana se iba centralizando en París.

Ya con la Revolución Francesa (1789), los castillos y palacios del valle del Loira se adentraron en una época sombría y de grandes incertidumbres. Muchos fueron destruidos, otros utilizados como almacenes, prisiones o incluso graneros. Y esto ha hecho que, a pesar de los grandes esfuerzos de conservación que se han hecho, en varios de los palacios que visitemos no podamos ver el mobiliario de la época o, directamente, el palacio se encuentre vacío de muebles. Son huellas de la Historia que, como veréis, si cabe hacen de la visita a esta región algo mucho más interesante todavía.

Pues como estamos en una región con castillos y palacios de ensueño, ¿por qué no empezar nuestro recorrido visitando un palacio de cuento de hadas?

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Château d'Ussé

Visitaremos el Château d’Ussé, del que se dice que fue la inspiración de Charles Perrault cuando escribió “La bella durmiente”. Aunque se han encontrado vestigios de civilización en la zona ya desde la Prehistoria, es en el siglo XI cuando empieza la construcción de este castillo, al principio como fortaleza de madera y, más adelante, tomando la forma en piedra que conserva en la actualidad.

Tras una larga sucesión de propietarios, en 1700 pasa a manos de Luis II Bernin de Valentinay, amigo de Charles Perrault, a quien recibe en numerosas ocasiones en este palacio. Estas estancias son las que, según se dice, sirvieron de inspiración al escritor para su obra “La bella durmiente”, de cuyos personajes puede verse actualmente una recreación dentro del propio castillo.

El castillo incorpora dos estilos arquitectónicos: uno, de inspiración medieval; y el otro claramente renacentista. El primero de estos estilos tiene su origen en la construcción del siglo XV, y la segunda, más cercana al aspecto actual, a las modificaciones arquitectónicas realizadas entre los siglos XVI y XVII. También merece la pena visitar la capilla del castillo, de un estilo gótico ciertamente sobrecogedor.

Continuamos nuestro recorrido hacia el este, en concreto hacia el Château d’Azay-le-Rideau. Situado en una isla sobre el río Indre, este castillo es uno de los iconos de los castillos del valle del Loira. Su estructura mantiene numerosas referencias a la realeza (como la salamandra, símbolo de Francisco I), al tiempo que incorpora numerosos elementos arquitectónicos y decorativos propios del Renacentismo italiano. Quizá esa conjunción de estilos, unida al peculiar enclave del castillo, fue la que hizo que Balzac describiese el castillo de Azay-le-Rideau como “un diamante tallado en facetas, engastado por el Indre”.

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Château d'Azay-le-Rideau

 Al igual que el vecino Château d’Ussé, este castillo también empezó a construirse en el siglo XI. Comenzó siendo una fortaleza defensiva hasta que, en el año 1418, el que acabaría siendo rey Carlos VII de Francia pasó por el castillo mientras huía de la ocupación borgoñona de París, ordenó quemar el castillo por los insultos que recibió desde dentro.

A partir de entonces, el castillo pasó a conocerse popularmente como “Azay-le-Brûlé” (Azay el quemado), y no estuvo ocupado hasta el año 1547, después de que el rey hubiese confiscado ese terreno y se lo entregara a Antoine Raffin, uno de sus compañeros de armas. A partir de ahí, cuatro familias fueron propietarias del castillo y, pese a la reconstrucción que fueron haciendo del edificio, en 1791 el castillo se encontraba en muy mal estado y fue vendido.

A lo largo del siglo XIX, los nuevos propietarios del castillo fueron rehabilitándolo y saneándolo, y el castillo empezó a tomar la forma que tiene actualmente. Pero como las turbulencias forman parte inseparable de la historia de este castillo, el año 1899 resultó nefasto para la situación financiera de su propietario y tuvo que venderlo a un abogado de la cercana ciudad de Tours. Este señor quiso hacer fortuna vendiendo todo el mobiliario del castillo, y suerte hubo de que una de sus sobrinas recompró varios de los cuadros más importantes, y de este modo no se perdió todo.

Finalmente, en 1905, el castillo fue adquirido por el Estado francés. Tras varias restauraciones encontramos el estado actual del edificio. El Château d’Azay-le-Rideau es, sin duda, uno de los indispensables en nuestro viaje. Aunque sabemos que la Historia ha dejado sus marcas en él, el estado actual de conservación conseguirá impresionarnos y, por qué no, enamorarnos.

El amor a primera vista fue el que llevó a Joaquín Carvallo, un importante médico español instalado en Francia, a abandonar su prometedora carrera y adquirir en 1906 el castillo que visitaremos a continuación: el Château de Villandry.

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Jardines del Château de Villandry

La historia de este castillo, como podéis intuir, comienza mucho antes de la llegada de Joaquín Carvallo. Comenzó siendo una fortaleza medieval, no tanto para defender al pueblo sino para mostrar el poder del señor feudal. Posteriormente, a lo largo del siglo XVI, se le aplicaron importantes reformas, que dotaron al edificio de un elegante estilo renacentista.

Y las reformas continuaron en el siglo XVIII, cuando el marqués de la Castellane quiso hacer del castillo una imponente mansión, dotada de todas las comodidades de la época. Algo de ello consiguió, pero el presupuesto no daba para todo, de modo que, por intentar aparentar, utilizó artimañas como la de pintar ventanas en las paredes del edificio para simular estancias inexistentes…

Después de aquello pasaron por el castillo la Revolución Francesa, propietarios como un conocido tratante de esclavos, un conocido banquero e incluso los hermanos Bonaparte. Tras la caída del imperio de Napoleón, Villandry se liquida y, tras pasar por varias manos, e ir bajando de valor, llega a ser propiedad de Joaquín Carvallo.

Joaquín Carvallo dejó a un lado toda su carrera como médico para dedicarse de lleno a la restauración del castillo de Villandry. Recuperó numerosas obras de arte de autores españoles, como Velázquez, Goya o Zurbarán (de su Extremadura natal) y, sobre todo, recuperó y modificó por completo la configuración del jardín del palacio.

Los jardines de Villandry pasan a recuperar el estilo de jardín francés propio del siglo XVI. Divididos en terrazas y parterres, conforman uno de los jardines más bellos de Francia. Un jardín que, por cierto, incluye una parte dedicada a las hortalizas (sí, sí, a las hortalizas). Visitad los jardines con calma, no os defraudarán.

Si seguimos el curso del río Loira por la carretera D952 (que nos acompaña en todo este recorrido), a menos de 30 km encontraremos la ciudad de Tours. Es una ciudad de tamaño medio, pero grande con respecto a las poblaciones que encontraremos en el valle del Loira. De ella me gustaría destacar tres puntos: la catedral de Saint-Gatien, el castillo y la parte vieja de la ciudad (le Vieux Tours).

La catedral de Tours, o catedral de Saint-Gatien, es una catedral gótica del siglo XII. Quizá no haya obtenido el merecido reconocimiento dentro de las iglesias góticas francesas, pero entrar en ella y observar su bóveda, su coro y sus maravillosas vidrieras es como trasladarse en el tiempo.

Quizá el castillo de Tours no tenga la majestuosidad de los castillos que hemos visitado hasta ahora. No obstante, cuenta con una historia muy rica, tanto antigua como reciente, pues fue fortaleza militar en el siglo XI, castillo-residencia real entre los siglos XIII y XV y prisión durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Desde allí, además, tendremos una buena perspectiva sobre el Loira.

No deberíamos dejar Tours sin visitar su casco antiguo, le Vieux Tours, donde podremos aprovechar para dar un agradable paseo por sus calles de casas entramadas, degustar unas crêpes en alguna de sus terrazas o disfrutar de su animada vida nocturna, ¡especialmente con la llegada del buen tiempo!

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De paseo por el Vieux Tours

A poco más de 30 km de Tours se encuentra otro de los castillos más visitados en el valle del Loira: el Château de Chenonceau. También conocido como el “castillo de las damas”, se construyó sobre el cauce del río Cher, utilizando como base un antiguo molino y fortaleza.

Este castillo, de estilo renacentista, sirvió como hospital militar en la Primera Guerra Mundial y tuvo una posición singular en la Segunda Guerra Mundial, pues se encontraba justo en la línea divisoria entre la zona ocupada por el ejército alemán y la zona controlada por el gobierno francés, de modo que parte del castillo se encontraba ocupada por los alemanes y otra parte por los franceses. Aun así, consiguió sobrevivir a ambas guerras sin mayores males.

Tan importante como visitar este castillo es visitar sus amplios jardines y su Orangerie. En este último recinto se realizan, además, eventos culturales y gastronómicos, de modo que, si tenemos suerte y previsión, quizá podamos disfrutar de un almuerzo en un marco difícil de igualar.

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Detalle de la Orangerie de Chenonceau

Desde Chenonceau, nos dirigimos de nuevo hacia el cauce del río Loira, hasta llegar a Amboise, donde se encuentra el siguiente castillo que visitaremos. El Château d’Amboise está situado en un punto de donde se tiene constancia de la existencia de una fortaleza desde la época de Julio César. Pero antes de que la conociésemos tal y como es, tenían que pasar por ella visigodos, ostrogodos, normandos… Y hasta la mismísima Juana de Arco.

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Vista del Château de Amboise desde el río Loira

En la actualidad, el castillo de Amboise presenta un buen grado de conservación, si tenemos en cuenta los numerosos conflictos que ha vivido y sufrido a lo largo de la Historia. Por otra parte, no olvidaremos visitar el castillo de Clos Lucé, situado a 500 metros del de Amboise y que fue donde Leonardo da Vinci vivió los tres últimos años de su vida. Tampoco perdamos la oportunidad de visitar el tranquilo casco viejo de Amboise. Realmente merece la pena dedicar un rato a pasear por sus callejuelas, que tienen ese aire de tranquilidad y orgullo de una villa que se sabe testigo de la Historia.

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Centro histórico de Amboise

En Chaumont-sur-Loire, a unos 20 minutos de Amboise (siguiendo, cómo no, el curso del río Loira), se encuentra un castillo digno de visitar. Situado en un promontorio que ofrece unas vistas soberbias del río Loira, el castillo de Chaumont-sur-Loire tiene una trayectoria llena de altibajos: allá por el siglo X, comenzó siendo una fortaleza, hasta que cinco siglos después el rey Luis XI ordena su quema y destrucción, como castigo por la revuelta en la que participó el entonces señor de Amboise.

Una vez que la familia Amboise volvió a ser admitida, se admitió también la reconstrucción, y en ese momento tomó su aspecto de elegante fortaleza, con puentes levadizos y caminos de ronda incluidos. El castillo pasó por diferentes manos, que hicieron de este edificio una fábrica y una granja, entre otros usos. A finales del siglo XIX, la familia Broglie se hace con su propiedad, y aunque en un principio recupera su elegancia y pasa a ser protagonista de suntuosas fiestas y recepciones, ya en 1938 sus dueños sufrieron un revés económico tal que tuvieron que aceptar la venta del castillo al Estado francés.

A partir de ese momento, los jardines del Château de Chaumont-sur-Loire recuperan su esplendor y pasan a ser escenario del Festival Internacional de Jardines. Es fácil imaginar que, aparte de visitar el propio castillo y admirar las vistas del río y de la región desde la fortificación, los jardines merecerán toda nuestra atención.

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El Château de Chaumont-sur-Loire desde sus jardines


Se va acercando el final de nuestro recorrido, pero antes de ello visitaremos el Château Royal de Blois. Este palacio se encuentra en un núcleo urbano más poblado que los anteriores, y veremos que tiene un marcado carácter de residencia real. Su historia comienza con Luis XII, allá por el año 1462, cuando comienza a ser lugar de residencia de reyes y nobles.

Es a mediados del siglo XVII cuando empieza su decadencia, e incluso a finales del siglo XVIII el rey Luis XVI plantea su destrucción. Sin embargo, la Revolución Francesa salva el edificio, no así sus ornamentos y muebles, que fueron eliminados o extraídos del palacio. Y no sería hasta el siglo XIX cuando, tras 130 años de abandono, el castillo pasa a recuperar una cierta entidad, esta vez en forma de museo de bellas artes. Hoy en día, el palacio es propiedad de la ciudad de Blois.

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Estatua ecuestre de Luis XII en el Palacio Real de Blois

Terminamos nuestro recorrido por el valle del Loira con una visita a uno de los clásicos, uno de los châteaux más conocidos y fotografiados de todo el valle: Chambord. Situado dentro del parque forestal cerrado más grande de Europa, la singularidad de este castillo le ha valido su inscripción en 1981 como Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO.

Chambord es el resultado del sueño del rey Francisco I de Francia, quien a su vuelta de diferentes guerras en Italia trae consigo ideas y contactos con muchos artistas hasta entonces desconocidos en Francia, como es el caso de Leonardo da Vinci. No se conoce el nombre del arquitecto del castillo de Chambord, pero se dice que este gran maestro está detrás del diseño de la escalera de doble hélice que veremos en su interior, una obra maestra del Renacimiento.

Como ocurrió en otros palacios, la Revolución Francesa tuvo como consecuencia para Chambord un tremendo saqueo de su interior, que lo dejaron prácticamente en el estado que lo vemos actualmente. No obstante, durante la Segunda Guerra Mundial, el hecho de que el castillo se encontrase vacío sirvió para que se almacenasen en él temporalmente numerosas obras de arte procedentes del Museo del Louvre. Por ejemplo, si hoy en día podemos admirar la Gioconda en París, es gracias a su estancia en Chambord, que la libró de males mayores.

La imponente silueta del Château de Chambord nos sirve de escenario para despedirnos de la región. Seguramente nuestros pensamientos estén, en ese momento, sumergidos en la duda sobre si la próxima vez que visitemos el valle del Loira lo haremos continuando nuestro recorrido hacia Orleans y París, o si acompañaremos el curso del río hasta su amplia desembocadura en las costas bretonas. Pero es seguro que, para entonces, tendremos una idea clara: volver al valle del Loira.


Espero que te haya gustado este post y, por supuesto, ¡espero tus ideas y comentarios!

¡Hasta pronto!





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Château de Chambord




2 comentarios

  1. Genial! Provoca un especial interés en organizar unas vacaciones por la región del Loira para la próxima primavera. Felicidades por tu blog.

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    1. ¡Muchísimas gracias! Me alegro de que te guste, y esa era la intención, poder dar ideas para vacaciones, viajes, puentes...

      Y sobre la región del Loira, ¡ya verás como no defrauda!

      Saludos

      Quique

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